Lacandones: olvidados y menospreciados por el sector Salud

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TUXTLA GUTIÉRREZ.- Una mujer lacandona, originaria de la comunidad Nahá, presentó afectaciones graves en su estado físico; durante dos días, esperó que en algún hospital del sector Salud de Chiapas le brindaran la atención que requería, pues padece cáncer de hígado.

Sin embargo, hasta este miércoles permanecía sentada, con mucho dolor, en una silla de ruedas que le dieron, un día antes (martes), en el Hospital General “Dr. Gilberto Gómez Maza” de esta ciudad capital de la entidad chiapaneca; más de 24 horas sin recibir, al menos, un poco de agua.

Ante los intensos dolores, la mujer hablante de la lengua maya lacandona fue revisada, por primera vez, en Ocosingo, situado en la región Selva, luego enviada a Altamirano, pero en este último lugar le dijeron que tenía que ser devuelta al municipio ocosinguense, donde, por fin, le advirtieron que tenía que ser vista por un cirujano.

El “viacrucis” continuó: los médicos de allí la enviaron, otra vez, a Altamirano, pero en esta ocasión le advirtieron que el especialista estaba incapacitado y que no regresaría pronto. Además del cáncer en el hígado, la mujer padece de piedras en la vesícula, así como diabetes y anemia.

NA’ BOLO MANIFIESTA INDIGNACIÓN
Esta denuncia la comparte con La Silla Rota Patricia López Sánchez, directora del Centro Cultural “Na Bolom”, ubicado en San Cristóbal de Las Casas y que, desde hace décadas, ha velado por el bienestar de miles de lacandones, con quienes también ha compartido su cultura y tradiciones.

Es decir, desde hace 70 años, los fundadores de esa organización no gubernamental crearon un fondo médico para beneficiar a esa población. “Sin embargo, han cambiado un poco más las cosas, porque antes no había jurisdicciones sanitarias y en la actualidad sí”, comenta la entrevistada.

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En el caso de la mujer de Nahá, advierte que el pasado martes una doctora de “Na Bolom” la acompañó al área de Urgencias del Hospital General “Dr. Gilberto Gómez Maza”, en Tuxtla Gutiérrez, pues ahí le dieron el “pase”.

Ese mismo martes, la lacandona es recibida, a las 10 de la mañana, en ese lugar, donde sufrió convulsiones; al no haber camillas o camas, la sientan en una silla de ruedas.

“La señora llegó en ayunas, en caso de que le efectuaron algunos estudios, pero hasta ayer miércoles seguía ahí, con el mismo suero, y sin que le proporcionaran agua; ¡eso no se vale!”, revela.

Como el Centro Cultural “Na Bolom” se movió y habló no solo con la dirección del Hospital, sino con el propio gobernador, al parecer sí la atendieron.

Para Patricia López es lamentable que gente indígena, o en este caso una lacandona, sea discriminada, “es nuestra chamba ayudarlos, pero si no tuviéramos esos contactos, la pobre mujer se hubiera quedado en su comunidad a morirse; porque no reciben medicamentos, ni paracetamol”.

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De acuerdo con ella, la mala atención continuó, pues primero le negaron unos estudios cuyo costo oscilaba entre los 6 mil pesos, pero luego, dice, tras hablar con altos mandos, resultó que sí contaban con el aparato y con todo para que ella fuera atendida.

“Hemos detectado muchas cosas así, hay mucha discriminación con los lacandones; y te puedo decir que los tratan muy diferentes cuando están solos que cuando nosotros los acompañamos”, asevera.

Entrevistada por aparte, Isabel Pola, investigadora que ha trabajado con la población lacandona desde hace varios años, lamenta que en las comunidades no haya ni un solo médico.

“La dichosa Caravana de la Salud sí estuvo al principio de la pandemia, les explicaron a la gente qué era el covid, pero nada más, se olvidaron”, expone, e incluso ejemplifica el caso de la localidad Lacanjá, donde hay una “clínica” pero sin personal.

De hecho, critica que en esas localidades no haya campañas continuas de prevención de enfermedades, cuando hay casos de diabetes en situaciones muy graves. “Pero, ¿quién los orienta?, ¡nadie!; y los lacandones piden ayuda cuando la enfermedad que tienen está muy avanzada”, refiere.

NEGLIGENCIA Y DISCRIMINACIÓN NO SE DETIENEN
De acuerdo con el Centro Cultural “Na Bolom”, en los últimos años los casos de mala atención han sido constantes. En lo que va de este 2022, ha documentado al menos un caso por mes.

Lo que más le preocupa, dice Patricia López, es que es más común que los lacandones presenten enfermedades más agresivas como el cáncer o embolias.

Aunque no se sabe a ciencia cierta qué los ha afectado, se habla de algunas hipótesis: el uso indiscriminado de pesticidas o el cambio abrupto de alimentación.

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De hecho, revela que el año pasado llevaron a ese mismo hospital a un niño lacandón de seis años que tenía un problema de glaucoma y, por ende, un intenso dolor de cabeza.

Incluso, agrega, no le pudieron hacer un buen diagnóstico ni en Palenque ni en Ocosingo, y en otros lugares, “no se movía porque el dolor era muy intenso; y ahí fue una trabajadora social la que consiguió que fuera operado ese mismo día en una clínica particular de Tuxtla, ¿entonces?”, agrega.

Aclara que no es posible que el sufrimiento continúe para esos pobladores, cuando tienen que viajar, enfermos, más de siete u ocho horas en carretera para ser atendidos, en el mejor de los casos, o esperar en algún sitio o regresarse porque fueron discriminados.

Otra cuestión que ha percibido el Centro Cultural “Na Bolom” es que hay una marcada ignorancia entre quienes atienden en los hospitales públicos, debido a que no saben ni qué idioma hablan.

Patricia revela que, de igual forma, acompañaron, a principios de la pandemia por el covid-19, un caso de tuberculosis en un lacandón, y pese a que contaban con el diagnóstico del sector Salud, les negaban la atención inmediata o al menos adecuada.

“Tuve que denunciar este hecho en redes sociales, porque nos mandaron de San Cristóbal de Las Casas a Ocosingo, pero después nos querían enviar a Altamirano”, evidencia.

Patricia López demuestra que la incertidumbre aumenta porque otra limitante es que cuando un lacandón llega a un hospital, en estado delicado, les niegan las operaciones porque, de forma irónica, la mayoría presenta anemia.

Para ella, las campañas médicas que “aterrizan” en las comunidades lacandonas no son tan efectivas, debido a que el “grueso” de las comunidades o no se entera o desconfía de las mismas, o simplemente no contaron con recursos para trasladarse.

Lo que tendrán que hacer, dice, es acudir ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) u otro organismo de este tipo para que este tipo de casos no se repitan. “Haremos un expediente para esa instancia, ya urge”, amaga.

De nueva cuenta, la investigadora Isabel Pola llamó al gobierno de Chiapas a dejar de invertir en campañas publicitarias y mejor enfocarse en atender a poblaciones como la lacandona que, cada vez, está más olvidada.