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martes, febrero 27, 2024

¿Quién cuida al Presidente?

POR: AGUSTÍN CASTILLA

Hace poco más de una semana, el escenario para el presidente Peña Nieto en vísperas de su cuarto informe no se avizoraba nada fácil. Llegaba con un nivel de aprobación de apenas el 23% -siendo que Vicente Fox y Felipe Calderón tenían alrededor del 50%-, y a las cifras negativas en materia económica, la inseguridad así como las constantes denuncias por violaciones a derechos humanos, había que sumarle la percepción de que su gobierno se doblegó ante las presiones de la CNTE con el consecuente impacto a la reforma educativa, la revelación de un departamento de lujo en Miami, propiedad de su esposa, y la acusación por plagio en su tesis de licenciatura por citar algunos casos. Tampoco hay que olvidar la estrepitosa derrota electoral que sufrió su partido en junio de este año.

La buena racha del Presidente que tuvo su punto culminante con la aprobación de las llamadas reformas estructurales -que no han dado los resultados prometidos-, se vio interrumpida abruptamente por la desaparición de 43 estudiantes normalistas en Iguala así como el escándalo de la “casa blanca” y desde entonces no ha podido levantar cabeza.

En estos últimos dos años los errores se suceden uno tras otro y el control de daños es igual o peor. Pareciera que el equipo del Presidente lo mal aconseja, no sabe cómo actuar en los momentos de crisis y lo deja sólo en cada ocasión sin que hubiera consecuencias. De manera inexplicable, Peña Nieto ha optado por asumir los costos que en buena medida son producto de la incapacidad y yerros de sus colaboradores.

Otro ejemplo fue la presentación de la iniciativa de matrimonios igualitarios pocos días antes de la elección que le abrió un frente con los sectores conservadores y particularmente con la iglesia católica, tuvo costos electorales en algunos estados y al final su partido terminó reculando provocando una fuerte reacción de la comunidad LGBT. Con una sola acción lograron que, por distintas razones, prácticamente todos manifestaran su inconformidad con la postura del gobierno cuando además la Suprema Corte ya había fijado un criterio muy claro.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, nadie se imaginaba que en las horas previas a la presentación de su informe se iba a desatar una crisis de dimensiones mayúsculas tanto en México como en el exterior, con la invitación y visita del candidato republicano Donald Trump unificando a la opinión pública en su contra, exhibiendo las diferencias en el gabinete y la ausencia de rumbo.

Pocas veces se ha visto una reacción tan enconada contra un Presidente que fue avasallado en su propia casa, por quien ha hecho de la denostación a nuestro país y a los migrantes uno de los principales ejes de su campaña. Los argumentos para tratar de justificar la invitación a este personaje fueron muy pobres y no convencieron a nadie. La cereza del pastel -0 más bien las estocada final- la puso Hillary Clinton al rechazar, con toda razón, el encuentro y ni qué decir de las últimas declaraciones de Trump jactándose de su exitosa visita a México y amagando con su “rejuvenecido” ejército.

Salvo la tímida defensa de Videgaray -a quien se responsabiliza de tan grandiosa idea por lo que tuvo que presentar su renuncia- y del presidente del PRI, la mayoría de los integrantes del gobierno de Peña Nieto optaron por guardar silencio pero lo más grave de todo es que aún ante lo evidente, se niegan a aceptar que se equivocaron. Dicen que no se pueden esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo, pero esto no lo entiende el Titular del Ejecutivo Federal como lo muestran los cambios en el gabinete que terminaron en simples enroques.

Tiene razón el dirigente del PAN, Ricardo Anaya, quien en una actitud responsable exigió que se reconocieran los errores cometidos como condición para poder sortear la crisis y retomar el rumbo perdido e incluso ofreció el apoyo de su partido, pues no olvidemos que todavía faltan 27 meses para que concluya esta administración y el futuro inmediato parece muy sombrío con un Presidente que carece de fuerza y ha perdido toda credibilidad.

@agus_castilla

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