Ni el INE se toca, ni la historia se inventa

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El presidente de México se cree héroe de la patria, cree que ya conquistó su paso triunfal a la historia. Festeja que la marcha contra una reforma electoral que debilite al INE no vaya al Hemiciclo a Benito Juárez, en la Alameda Central de la Ciudad de México, y finalice en el Monumento a la Revolución. “El Benemérito no iba a estar muy contento” dice el Mandatario, que parece saber de historia sólo por monografías de papelería.

La marcha caminará por el Paseo de la Reforma (juarista) y doblará para llegar al monumento a la Revolución en la Avenida de la República (juarista), justo en esa esquina, donde está el emblemático edificio de la Lotería Nacional, allí a escasas tres cuadras, está la tumba de Benito Juárez y su esposa Margarita Maza, en el Panteón de San Fernando. Juárez no está en el Hemiciclo que le hizo Porfirio Díaz en 1910, con mármol blanco de Carrara, y tampoco está en la llamada Cuarta Transformación, Juárez debe estarse revolcando en su sepulcro al ver la militarización del país. Al presenciar cómo “lo civil”, pierde terreno diario frente a “lo militar”, cómo se debilitó a la Guardia Nacional, que el propio Juárez así nombró, y se entrega presupuesto, poder, fuero y privilegio para los militares que tanto combatieron los liberales encabezados por el hijo de Guelatao, Oaxaca. Esa fue la esencia del movimiento liberal contra los conservadores. Esa es la Ley Juárez de I855: limitar el poder castrense. Juárez, efectivamente, no debe estar muy contento, pero con el proceder del obradorismo que lo mismo lo invoca que lo escupe.

La marcha terminará en la Plaza de la República, República, un concepto por el que luchó Benito Juárez, y que tanto se debilita con el fuerte presidencialismo unipersonal mexicano y cuasi autoritario. Jamás Benito Juárez ofendió a sus críticos, algunos de su propio partido como Ignacio M. Altamirano o Guillermo Prieto que lo criticaron fuertemente. Porque sabía que la República, no la construye el pensamiento único, sino una pluralidad, y la división de poderes. Juárez rechazó al monarca unipersonal (fusiló al Emperador Maximiliano), y abrazó sin titubeos a la prensa libre y al poder civil. La marcha es un ejercicio de libertad de expresión y de asociación consagrado en México desde la Constitución liberal (no conservadora) de 1857. Juárez con la marcha de mujeres y hombres libres deberá estar feliz. Es gracias a su semilla de libertad que los mexicanos podemos caminar en las calles y gritarle consignas a nuestro gobierno.

Si el Presidente cree que importunaría un final de la marcha en el Hemiciclo a Juárez, olvida que en el Monumento a la Revolución están los restos, entre otros, de Lázaro Cárdenas y Francisco I. Madero, ¿Estará tranquilo el general michoacano Cárdenas del poderío militar que se mete en política? Cárdenas prohibió a los generales andar en el terreno partidista. El obradorismo y algunos de sus generales han pisoteado a Cárdenas, el General michoacano, sin cobardía internacional, se enfrentó al poder fascista militar del soviético de José Stalin al asilar a León Trotsky; y del dictador militar español Francisco Franco, y acogió a los niños de Morelia.

Pero además estará contentísimo Francisco I. Madero, de ver cómo se defiende el sufragio efectivo en México. La marcha terminará del lado de Madero, el mártir de la democracia, que asesinó al general Victoriano Huerta. ¿Qué mejor lugar para defender una casilla sin la injerencia del gobierno, y una credencial de elector confiable? Madero vivirá en uno que el domingo llegue a esa plaza de la República donde descansan sus restos.

Pero además de no dejar tranquilo, ni a Juárez, ni a Madero, ni a Cárdenas, la marcha empezará en el Ángel de la Independencia, donde están, los restos de los héroes de la Independencia. ¿Tampoco estarán contentos Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, Nicolás Bravo, Matamoros? ¿También los interrumpirán los gritos del INE no se toca?

La marcha empezará en el sitio donde se honra lo que el presidente califica como primera transformación (Independencia); después caminará por la calle emblemática (Paseo de la Reforma) de lo que el obradorismo conoce como la segunda transformación; y rematará en en el Monumento a lo que conocen, ellos, como tercera transformación (Revolución). La marcha hará sentir que la cuarta transformación es una mentira, un cuento, una quimera, que quiere destruir el único poder que hizo verdadera historia, el único poder que llevó a cabo esas gestas históricas y heróicas, el único poder invencible, el poder que promovió Juárez, respetó Cárdenas, alentó Madero, es el poder civil. El poder libre de un hombre y una mujer libre, que caminará del Ángel de la Independencia al Monumento a la Revolución, recordando que la historia, la calle y el Instituto Nacional Electoral, no son de una persona, ni del gobierno, ni de ningún partido político.

Ni el INE se toca, ni la historia se inventa.

* Senador de la República