¿Qué hace una adulta mayor de 72 años en casa? Ella así disfruta

125

Lo acepta contenta y sin resignación. El #QuedateEnCasa le vino bien porque Olga Tenorio, de 72 años de edad, tiene más tiempo para pintar y dedicarse al arte, actividades a las que se enfoca por gusto tras su jubilación como empleada administrativa del ISSSTE hace ya varios años.

Hablar con ella es conocer otra estampa del adulto mayor al que regularmente se le asocia con enfermedad, problemas para desplazarse, olvidado por su familia. No, esta no es la historia de Olga y así lo cuenta. «No estoy enferma, pero me estoy enterando que hay mucha gente con enfermedades ¡Pero no! ¡Yo me siento muy bien! Mi mamacita se fue hace cinco años y yo me quede en su casa que ahora es mi casa. Llevo 20 años jubilada y realizo diversas actividades que me gustan como la pintura y arte. Mi pensión (de entre cinco y diez mil pesos mensuales) me da para todas mis satisfacciones personales».

Sin haber contraído matrimonio, sin hijos, esta mujer vive sola en una pequeña casa donde mira pasar por su balcón, la pandemia del #coronavirus. «Mi casa no es muy grande, pero para mí sí. No me gusta estar sola, pero si me dijeron que no salga ¡Pues no salgo! ¿Para qué le busco tres pies al gato si tiene cuatro?», se pregunta frente a una respuesta evidente. «Aquí tengo una jardinera donde salgo para ver al que esta enfrente, al que está barriendo, al que llega con la basura. No salgo porque dijeron que tengo más riesgo de contraer el virus así que salgo con mi bozal», dice en tono de broma refiriéndose al cubrebocas que usa. «Salgo a lo que voy, compro mi despensa como para ocho o diez días y con eso me la voy llevando. Cuando se acaba voy al tianguis o super. Dijeron quédate en tu casa y yo me quedo. Aquí veo la televisión, escucho el radio, limpio mis plantitas… La verdad se me pasa el día muy rápido amiguita».

Olga afirma que sus vecinos en la alcaldía Benito Juárez, la aprecian. «Sí tengo, pero hace un mes se cambiaron mis vecinitas de aquí enfrente porque vendieron el edificio donde vivían. Y como son pensionadas y solteras como yo, tenía mucha amistad con ellas. Pero se mudaron a una cuadra así que el trato sigue. Y como tengo un carácter muy amigable platico con medio el mundo, son muy lindos mis vecinos. No estoy sola porque tengo actividades».

¿Qué puede hacer una adulta mayor de 72 años encerrada en casa y sin familia? Su lista en larga.

Tengo muchas cosas para entretenerme: puedo andar con mis pantalones rotos, pero cómoda. Me siento libre, cambio sabanas, lavo una cortina, quito una maceta, pinto, paso en limpio mi directorio. La sana distancia la vivo en libertad, es un momento de libertad para mí. No me siento sola, sino feliz porque es la primera vez que me siento libre, sin interrupciones, comunicaciones o visitas imprevistas. Cuando me encierro pintando y me interrumpen ¡Me quitan la inspiración! Y ahora que no hay interrupciones, pinto y tengo más ideas

De hecho, cuenta que su profesor de pintura le describe como una artista muy detallista, metódica, con un trazo impecable y limpia para trabajar. Sin embargo, la pintura parece ser su fuerte en términos de expresión pues no solo la hace al óleo, también pinta figuras de cerámica y talla en madera.

«Cuadro que me gusta hago el boceto y luego lo dejo pendiente; así que ahora lo que hago es terminar tooooooodos mis pendientes. Y como no hay prisa porque el 30 de mayo está lejos, me la llevo tranquila. No hay quien me interrumpa, que suene el teléfono y te ofrezcan un crédito», celebra.

Lejos de lamentar, agradece no tener que rendir cuentas a nadie. «No tengo hijas, solita me mando; la gente con la que me junto -porque todos bailamos-, nos adaptamos para ir a bailar y al café. Mira, antes del virus, los domingos voy al club de modelaje naval, los viernes pintura y talla en madera; si me animo ¡Hasta me meto al baile y me echo mi danzón! Voy a las clases de salón ya sea en La Maraka, el parque de Los Venados o bailes del Inapam (Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores). Y luego hay pachanguitas y me voy con mis amigos. No llevo una vida de encierro», describe.

Desde la distancia, mantiene comunicación telefónica con sus amigos mediante el teléfono fijo de su casa pues no le interesan los celulares. «Y nos contamos ¿Cómo la estamos pasando? ¡Pues encerrados! Esperando que se acabe la pandemia para irnos a vacilar y retomar nuestras actividades. No estamos aburridos porque todos hacemos manualidades, pero siempre extraña uno el cafecito, el danzón. Pero si no se puede ¡Pues ni modo amiguita!», dice sin pesarlo dos veces.

-¿Qué piensa de los adultos mayores que ven pasar la pandemia lejos de su familia, encerrados en asilos?

Yo creo que todos tenemos que aceptar el momento que vivimos. Saber llevar nuestra vejez y luchar porque sea una vejez que sugiera, incluso estando en esos lugares. Se siente solo el que quiere estar solo; se siente sin amigos el que se bloquea. No te sé decir muy bien porque no he llegado a esa edad de necesitar irme a un asilo, pero esa será otra forma de vida a la que me tendré que adaptar.

-Olga ¿Es difícil ser adulto mayor?

Sí, porque el adulto mayor siempre está en rivalidad, pensando que por el tiempo que ha vivido es superior a todo. Que él sabe más y eso no es cierto, porque a lo mejor lo bailó muy bonito su vida, pero no fue afortunado. Pero no lo acepta porque siempre piensa que la perfección es él; es egoísta. Te digo porque convivo con gente ahí en el Inapam y no toda la gente es agradable, sobre todo el anciano. Muchos son mentirosillos, pero pienso que es porque no saben llevar su vejez; y encerrados ahora ¿quién sabe?

(María José Pardo)