Perdimos la lengua pero no estamos extintos: yumanos en BC por formar un partido político

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TIJUANA. – Miguel Plascencia Gerardo es un descendiente de la etnia cochimí en Baja California y sostiene que es falso que los suyos hayan desaparecido como aseguraron los estudiosos.

Aunque es verdad, admite, que perdieron su lengua cuando los últimos hablantes murieron sin pasarla a las siguientes generaciones.

“Determinan los historiadores que allí los cochimíes terminan, se acabó su ciclo de vida al perderse su lengua. Pero estamos los descendientes, que estamos tratando de recuperarla, tenemos un diccionario. A lo mejor es difícil, pero no imposible”, afirma Miguel.

Cuenta que su comunidad está compuesta por alrededor de 100 personas asentadas en el paralelo 28, justo donde termina Baja California y comienza Baja California Sur.

Pero para llegar allí no hay camino directo desde el norte, es necesario cruzar a Baja California Sur y luego regresar.

Esto, junto al pobre acceso a la tecnología y al histórico abandono de los gobiernos de Baja California, han alimentado su aislamiento y la idea de su extinción, afirma el descendiente cochimí.

“La gente que se llega a enfermar, ¿con quién nos comunicamos? Ni siquiera tenemos un radio o una antena larga que podamos avisar a Guerrero Negro (municipio de Ensenada) que es el poblado, entre comillas, más próximo. Estamos hablando de 70 kilómetros. Hacemos dos, tres horas para llegar”, cuenta.

Con esas condiciones de vida, la población va mermando igual que su localidad porque los más jóvenes se van ante la falta de empleo.

UN PARTIDO DE YUMANOS
Al menos hasta el 2016, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), registraba el fin oficial de los cochimíes en el siglo XIX.

Ese año anunció que por primera vez analizarían restos de integrantes de esta etnia, localizados en el cementerio de una misión franciscana en Ensenada, Baja California.

“Los huesos exhumados en San Fernando Velicatá son los únicos vestigios de esta población nativa hallados hasta el momento junto con otros localizados en 2006, en el Ejido de San José de las Palomas, Ensenada. Cabe recordar que el último registro de defunción en San Fernando Velicatá de un cochimí data de 1824”, informó entonces.

La Secretaría de Cultura del actual gobierno federal, en cambio, tiene registro de 116 cochimíes, una de las seis etnias nativas de Baja California conocidas también como pueblos yumanos.

Esto parece un paso en la lucha de descendientes como Miguel Plascencia, quien junto al resto de comunidades originarias del estado trabaja por conseguir representantes populares propios, no personas que usurpen su identidad como ocurrió en 2021 durante la elección de alcaldías, regidurías y la renovación del congreso estatal.

Los locales tienen al menos tres casos de personas que consiguieron “al vapor”, cartas de adscripción abusando de la necesidad de la población indígena que firmó o prestó su credencial de elector al recibir una despensa.

Los expedientes, cuenta el descendiente de cochimíes, siguen en revisión ante las autoridades electorales.

“Pero después de un año. Esas personas están acomodadas en el gobierno. No como regidores, pero con premio de consolación”, comenta Plasencia Gerardo

Ante estas trabas y otras problemas como la tierra, porque denuncia que los pueblos nativos han sido despojados por empresas y vitivinicultores, las comunidades kiliwa, pa ipai, cucapá, ku´ahles, kumiai y cochimí, no descartan formar un partido político en el estado, donde habrá elecciones en 2024.

“Porque al final de cuentas ni los mismos partidos nos querían aceptar el año pasado. El mismo instituto (electoral) los obligó”, dice Miguel Plasencia Gerardo.

 

(djh)

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