García Luna, «culiacanazo» y amnistía de AMLO despiertan dudas y suspicacias, alerta Baltasar Garzón

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Baltasar Garzón es claro: celebra la detención del exsecretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, pero dice que debe ser juzgado en México con todas las garantías, no en Estados Unidos, y crítica el paternalismo judicial de ese país hacia América Latina.

En entrevista especial durante la Mesa de Debate El Heraldo de México-La Silla Rota, bajo la conducción de Alfredo González y Jorge Ramos, el exjuez de la Audiencia Nacional de España anuncia la alianza de la Fundación Baltasar Garzón con el Instituto Mexicano para la Justicia, que preside Juan Araujo, fundamentalmente enfocada en la educación sobre el tema de derechos humanos en las instituciones del Estado.

Considera que la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador de una amnistía para combatir la inseguridad se debe analizar, y profundizar en la aplicación de una justicia retributiva o restaurativa, además de explicar a la sociedad el mecanismo porque los ciudadanos pueden pensar que hay una rendición ante el crimen organizado.

Y afirma que tanto el combate militar como la negociación en materia de narcotráfico parecen complicados como estrategia, lo primero por lo asimétrica que resulta la confrontación y lo segundo porque el crimen organizado siempre te va traicionar.

Evita calificar la detención y liberación de Ovidio Guzmán por el riesgo que representó el evento, y expresa más bien su interés por saber si después de ello el Estado mexicano continuó con labores para tratar de capturar al hijo de Joaquín «El Chapo» Guzmán Loera.

EL ARRESTO DEL «SÚPERPOLICÍA»

Garzón es contundente cuando defiende su postura de que García Luna debe ser juzgado en México. «No me gusta esta especie de protección judicial del norte respecto del sur, de Latinoamérica. Parece como que aquí no somos capaces de dar respuesta a los problemas que nos atosigan cuando en gran medida están íntimamente vinculados con los Estados Unidos. Y la solución viene porque a García Luna lo han detenido en Estados Unidos, pues si hay confianza tendrían que empezar porque fuera aquí (en México)», dice.

Agrega que se podría decir que si viene a México puede quedar libre, pero cree que no sería así, que se le tiene que juzgar con todas las garantías, y si tiene que quedar en libertad, pues en Estados Unidos hay mucha gente a la que se le acusa de grandes crímenes y sale en libertad, con fianzas, y si son sentenciados pagan su condena.

«Tenemos que ir más a la base, tenemos que generar esa vertebración de un país que supuestamente está fracturado, pero es que en esa fractura contribuyen otros también, por ejemplo el ataque narcotraficante contra una familia (Lebarón), tremendo lo que ocurre, y la única oferta que se nos dice es que incluso nos invade el país del norte, diciendo que se ofrece militarizarlo o declarándolos (a los cárteles) organizaciones terroristas», explica.

AMNISTÍA PUEDE CREAR SUSPICACIAS

Dice que el presidente Andrés Manuel López Obrador ofrece una solución que hay que analizar, profundizar, porque «decir amnistía de esa forma contundente puede levantar algunas suspicacias. Por supuesto existen soluciones transaccionales, de justicia, de otro tipo de justicia no solamente la justicia penal, sino retributiva, restaurativa, todo esto se puede hacer, pero hay que definirlo, hacer una pedagogía sobre la violencia, sobre el mecanismo para afrontarla, porque los ciudadanos pueden sentirse inseguros como que nos rendimos ante el crimen organizado».

Asegura estar convencido de que el presidente quiere resolver el problema de inseguridad, y está buscando cómo, «por eso si podemos colaborar con experiencia como en Colombia, o en España, o la Unión Europea para avanzar para buscar una solución, que será un mecanismo mexicano, no será el español, ni el colombiano, ni el norteamericano, sino el mexicano, con unas características muy especiales en las que hay que profundizar, para poder solucionar, y en ello debe estar implicada toda la sociedad».

LA GUERRA CONTRA EL NARCO

No elude reiterar su afirmación de que la lucha contra el crimen organizado debe ser frontal, como lo hizo hace 12 años. «Suscribo lo que dije en la parte de cualquier gobernante, tienes que confrontar con firmeza el crimen organizado, lo que sucede es cuando se hace una afirmación de ese tipo no sería necesario añadir, que debe ser dentro de la legalidad y con todas las garantías, que es lo que después no sucedió», agrega.

Afirma que no es partidario de que el Ejército esté desarrollando labores de policía, por lo que se deben desarrollar mecanismos de preparación científica, de inteligencia, ya que el policía pregunta, indaga y en el último caso actúa violentamente, pero el militar invierte los términos.

«Entonces, esa firmeza que yo reclamaba entonces, después fue muy cuestionable, porque se hizo lo contrario, porque se generó más inseguridad de la que pretendía solucionar, y ahora de alguna manera nos encontramos en una situación en la que la inseguridad sigue existiendo»

NEGOCIACIÓN CON EL CRIMEN, ANÁLISIS Y CAUSAS

Garzón está convencido de que con el crimen no se puede negociar, ya que siempre existe la posibilidad de una traición.

«Puede que exista la figura de un negociador cuando hay un dispositivo policial, cuando hay secuestro de rehenes, esa es una figura que en todos los países existe, estamos hablando de otro tipo de negociación. Pero hay poco espacio de negociación con los responsables del crimen organizado, hay espacio para diseñar una política de Estado para confrontar al crimen organizado y ver esos espacios cómo los llenamos», dice.

Y explica que en el caso del narcotráfico, se puede hablar de despenalización de determinadas conductas de tráfico de drogas, de toda la política antinarcóticos de Estados Unidos represora al 100%

«Es sumamente complicado confrontar militarmente al crimen organizado, insisto no soy partidario de esa solución, es como la guerra contra el terrorismo yihadista, es una guerra asimétrica de un país contra una organización con múltiples células que son mutantes, que cambian sistemáticamente, están en Afganistán, en Yemen.

«Cuando se trata del crimen organizado es imposible ganarle la guerra a la mafia confrontando militarmente a la mafia, porque la mafia lo que busca es infiltrar a las instituciones mediante procesos de corrupción y sólo al final, sino tienen otro remedio, actúa el sicariato entre ellos o contra las instituciones, por tanto el mecanismo tiene que ser más complejo que negociar con ellos para conseguir que dejen de hacer lo único que saben hacer, porque qué alternativa les queda, ¿el perdón? Y una vez que tienen el perdón cómo van a seguir comiendo, ¿les perdonamos todos los fondos opacos que tienen en todo el mundo? Pero es que no es cuestión de México, aunque México hiciera esto, el dinero fluye, y otros países no lo van a hacer», dice terminante.

«Lo que ocurre sistemáticamente en nuestros países es que se analizan poco las causas y se va siempre a luchar contra los efectos, hay una superestructura de combate a los efectos, pero no de análisis de las causas»

CULIACANAZO

En el caso de la detención y liberación de Ovidio Guzmán, hijo de «El Chapo», dice que es muy complicado emitir una opinión cuando hay una situación de riesgo real, cuando se secuestra o amenaza a un familiar de un funcionario.

«Es una amenaza, una coacción clarísima, eso es como cuando se dice que tienes una ataque terrorista y tienes al terrorista, los mata y eso correcto. Puedo decir que no me gustó, pero decir que yo había hecho algo diferente es muy aventurado porque tienes que evaluar in situ. Decir que ceder ante el crimen es poner de rodillas del Estado tampoco se puede afirmar con tanta contundencia, hay que ver si es estratégico, que ha pasado después, si se ha investigado ese caso, sino es muy arriesgado», expresa.

Dice que existen muchos países que tienen normativas y actitudes diferentes, y que si se pensara en España o Italia, utilizan el criterio de no negociación cuando las acciones terroristas estuvieron a flor de piel. «Recuerdo una anécdota que afectaba al general Carlo Alberto dalla Chiesa, que fue el jefe de los servicios antiterroristas en 1978 cuando estaba el presidente de la democracia cristiana Aldo Moro, secuestrado por las Brigadas Rojas. Detuvieron a un terrorista y propusieron torturarle para que dijera dónde estaba y el general dijo una frase que me impactó cuando la leí, y es  que Italia se podía permitir perder a Aldo Moro pero no la práctica de la tortura, y Aldo Moro lo mataron pero no se torturó al terrorista detenido».

OTRAS VÍAS DE LUCHA

De acuerdo con Garzón, el tema del narcotráfico no puede solucionarse con la represión pura y dura, es un fracaso y es visible desde que el narcotráfico empezó a ser delito, pues no lo es desde siempre, tiene una fecha muy concreta que es 1912, 1915 y 1918, con el Tratado de Versalles.

«Fue consecuencia de una coyuntura de la guerra del opio que previamente existía. Lo que tenemos es generar espacios de salud y de condición para que esos consumos no se produzcan, y que si se producen que sea en condiciones humanitarias y médicas. Si le quitas el valor añadido del blanqueo del dinero, de activos al narco, que es lo que les nutre, es el camino, tenemos que ir a eliminar los beneficios. Si matamos a un narcotraficante habrá otro, si se matan 20 sicarios vendrán 40 sicarios», dice.

LA ALIANZA EN MÉXICO

De acuerdo con Juan Araujo, presidente del Instituto Mexicano para la Justicia, la alianza con la Fundación Baltasar Garzón es fundamental, porque el mundo está cambiando a velocidades que nunca se habían visto

«El tema de los medios, el tema del medioambiente, las guerras sordas, incluso que se vive en México, la internacionalización del crimen organizado que vinculan a ambos institutos. Es un gran orgullo que Baltasar Garzón firme esta alianza, porque vamos a tener toda su experiencia. Él encarna la justicia universal como nadie lo ha hecho, es el hombre que ha cambiado la forma de mirar la justicia desde la Segunda Guerra mundial», dice.

Baltasar Garzón y Juan Araujo. (Especial)

Garzón por su parte resalta que la fundación tiene especial énfasis en el tema de derechos humanos, no solo para personas jóvenes, sino para las instituciones.

«Un campo concreto que a nosotros nos llama la atención y vamos a tratar de influir en él, es todo el ámbito de las fuerzas de seguridad del Estado, como la policía, Guardia Nacional, en el ámbito de la formación en materia de derechos humanos. Se puede desarrollar la máxima efectividad frente al crimen desde el ejercicio de la seguridad, desde la función policial, pero con todas las garantías, y para que esto sea así hay que tener una formación y unas condiciones profundamente democráticas para que se grabe en nuestras mentes que se pueden conseguir los máximos resultados pero con las máximas garantías. Eso exige tener una preparación de experiencias que se vive en otros países y hay que tenerlo», declara.

Juan Araujo refiere que el libro «Baja Política Alta Policía» evoca al sexenio de Felipe Calderón, y agrega que es una especie de paradigma la detención de García Luna, porque elegir la muerte como solución a los problemas de un país es gravísimo.

«Hay un parte histórico en América Latina de que hay personas que pueden morir, pero tenemos que cambiar, debemos apostar por la vida. Y para eso se requiere mucha política, menos policía. Mucha inteligencia, en la operatividad del sistema de justicia penal se cuelan los demonios, tenemos un sistema penal de justicia que nadie entiende. El nuevo sistema de justicia penal se tiene que enseñar, la policía no lo entiende, el Ejército no lo entiende, la Guardia Nacional lo está entendiendo, los abogados no lo entendemos y la ciudadanía menos. Me parece fundamental la capacitación y que hay que corregir para apostar por la vida», concluye.

JGM