Crisis humanitaria: migrantes y desplazados en la calle ante albergues a tope

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TIJUANA.- Familias desplazadas por la violencia en el sur del país suman hasta tres semanas buscando diariamente dónde pasar la noche porque todos los albergues en Tijuana están saturados.

Hay quienes han tenido que dormir en la calle y varios llevan días acudiendo al palacio municipal con la esperanza de que la Dirección Municipal de Atención al Migrante los canalice a algún refugio.

Hasta allí llegó Haydé García, originaria de Michoacán, junto a cuatro adultos y tres menores, todos familiares.

“Ya no tenemos dinero para los niños, para darles de comer. Anoche aquí nos íbamos a quedar. Anduvimos pidiendo para comprar una casita de campaña porque ya no tenemos dónde dormir”, comentó.

Para que ella y otras familias desplazadas no se establecieran en las áreas verdes frente al edificio del gobierno municipal, las autoridades los llevaron a un centro de rehabilitación por una única noche.

“No se me hace como algo para los niños seguro, ni para uno estar allí”, dijo la madre de familia.

Antes de tocar puertas de albergues la familia de Haydé llegó al cruce internacional para pedir asilo, pero la respuesta fue la misma que en los refugios.

 

 

“Que no, que estaba lleno. Que no tienen posibilidad”, dijo la mujer ya desesperada igual que un numeroso grupo de connacionales y extranjeros que sufren por el mismo problema.

Entre todos ellos el director de atención al migrante del municipio, Enrique Lucero Vázquez, seguía buscándoles cobijo en la abarrotada red de 26 albergues en los que ya hay alrededor de 6 mil personas en contexto de movilidad.

 

 

A excepción de uno que es administrado por el gobierno federal, y otro que es atendido por el gobierno estatal, el resto es encabezado por religiosos y asociaciones civiles, reconoció.

Enrique Lucero agregó que el gobierno tijuanense contempla habilitar un espacio, pero está en valoración por los costos que implica para alimentación, seguridad y otras necesidades

SOCIEDAD CIVIL NO PUEDE MÁS
Con este problema a cuestas, activistas pro migrantes pidieron una respuesta, sobre todo del gobierno federal, a la oleada que está llegando a esta frontera para buscar asilo.

Y anunciaron que, de no haberla, instalarán casas de campaña al aire libre en sitios como Playas de Tijuana y Zona Norte, donde confluyen los migrantes por su cercanía con el cerco internacional.

“Volveremos a hacer los campamentos que tengamos que hacer donde la gente no tenga atención. Haremos las marchas y movimientos que tengamos que hacer para pedirle al gobierno federal que ayude”, adelantó Sergio Tamai, director de la asociación Ángeles Sin Frontera.

José María García Lara, director del albergue Juventud 2000 que ha tenido a sus puertas a familias enteras esperando un lugar y montó carpas en el exterior para advertir lo que estarían haciendo si no hay solución, también urgió a las autoridades a habilitar refugios.

“Los albergues no pueden con todo ya que se encuentran muy llenos con mucha comunidad mexicana. Mucha gente de Michoacán, de Guerrero, comunidad que viene de centroamérica, comunidad haitiana que está solicitando cómo acomodarse”, mencionó.

 

 

Detalló que el albergue que dirige puede recibir entre 180 y 200 personas, pero la emergencia los tiene con 283, incluyendo a 120 menores de edad.

“Algunos muy pequeños que estuvieron mucho tiempo aquí a las afueras”, agregó García Lara.

Los activistas denunciaron que el Centro Integrador Carmen Serdán, habilitado originalmente por el gobierno federal para el ya desaparecido programa “Quédate en México”, sólo recibe 500 personas cuando tiene espacio para tres mil.

Pero en ese lugar no quieren a nadie más, según contó Jorge Gómez Martínez.

“Fue de lo peor porque en ese albergue el que estaba en la puerta dijo: `¿Sabes qué? Aquí no se pueden quedar. A la tercera llamada, le echo agua´. Y sí, nos echó agua. Estaba acostada la niña. No estaba ni adentro del albergue, estaba afuera, a un lado del portoncillo”, contó.

El padre de familia es originario de Guerrero y llegó hace un mes a esta frontera con su esposa y su hija huyendo del reclutamiento forzado del crimen organizado.

 

 

“En este mes andamos en la calle porque no encontramos. Ya recorrimos doce albergues y nada”, afirmó.