AMLO y el porqué de adelantar la fase 2 de la estrategia

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Bien haría el presidente en “barrer” con algunos de sus servidores gubernamentales que practican el terrorismo fiscal.

El verdadero dolor es indecible… [si bien llegar a poder describirlo no quiere decir que no fue indecible en un momento dado.]

‘La ridícula idea de no volver a verte’.
Rosa Montero

¿Al menos cinco meses de distanciamiento? ¿De separación? Eso es lo que calculan los expertos de la OMS durarán en promedio los periodos de contagio (ergo, cuarentena) en los distintos países. Una eternidad.

Hay naciones que estiman un lapso de tiempo menor (menos mal) y hacen lo indecible por acortarlo lo más posible y, con ello, que la economía local resulte lo menos golpeada. Pero la 4T, como ya hemos dicho hasta la saciedad, vive en otra realidad; una que ya ni siquiera puede decirse sea paralela a la verdad.

Tantas familias separadas y muchísimos negocios detenidos (dos meses, dice la Cuarta Transformación…), y el gobierno federal se rehusa a aplicar más pruebas de detección del Coronavirus aduciendo que no es necesario. Sin embargo, ya lo han dicho los expertos mundiales en el tema: entre más pruebas se hagan, más brotes sin control se detectan; entre más monitoreo, más se pueden adelantar y acortar las separaciones físicas y las pérdidas económicas.

Pero no. El gobierno federal adelanta la etapa 2 de su estrategia no por convencimiento, no para mejorar su eficacia, sino por pura conveniencia. ¡Qué digo conveniencia, presión internacional se llama! Se le avisó de pronto que tendría lugar una sesión extraordinaria del G20 a larga distancia y, acto seguido, la 4T anuncia de sopetón la llegada de la siguiente etapa del combate al Coronavirus para no quedar mal (más, ¿se puede?) ante la comunidad internacional. Y, además, suspende sus actividades gubernamentales a partir de ya no tanto como parte de una medida que marca la etapa 2 de la “estrategia” nacional, sino más bien para acortar su margen de exposición de este a la opinión pública y a la rendición de cuentas. Fácil, entre menos “ventanas abiertas” menos está sujeto a los cuestionamientos que ya empezaban a lloverle —y con razón— a raudales. La administración federal resultó bastante cobarde.

Eso sí, los paleros del régimen como de costumbre diciendo que México, adicionalmente a resultar la excepción a la pandemia mundial, será el que cambie —gracias a su gobierno, claro está— el paradigma económico hacia una economía “moral”. Si la 4T critica a los neoliberales tecnócratas de cuadrados, miopes y nerdos, esta otra camada de autoridades resultó lela, terca, obtusa y ciega.

Y si bien hacia el interior del país, el presidente López Obrador puede hacerse de los oídos sordos ante los reclamos y puede rodearse de cortesanos que solo le dicen lo que quiere escuchar, en el plano internacional no puede hacer lo mismo. Claro que no. Muy mal (peor de lo que ya lo dibujan en las portadas de The Washington Post o The New York Times) hubiese quedado Andrés Manuel si encima de todo se negase a participar en las cumbres extraordinarias del Grupo de los 20 países más poderosos del orbe. Ergo, más que por interés o por propia voluntad, el presidente se vio forzado a participar en la reunión que se sostuvo mediante videoconferencia. Y a hacerlo con medidas fuertes de distanciamiento social en marcha.

Espero que algo haya aprendido nuestro presidente de escuchar a la voz —esas sí— de los expertos. Y repito, no es que crea que el equipo que conforma a la SSA federal de México sean unos improvisados. Nada de eso. Pero siendo francos, quienes orientan a la OMS y al Grupo de los 20, son los maestros y líderes del conocimiento que establecieron y aún forman las bases de las escuelas y tendencias en el estudio de la epidemias en el mundo, incluyendo a los de “casa”. Nuestros expertos, encima de todo, no se atreven a contradecir a su jefe superior.

Desafortunadamente, mismo en este marco de cooperación se notó que AMLO, o no entiende qué pasa en el mundo y de qué se trata ese mecanismo internacional o, bien, no le interesa hacerlo. ¿Sobre qué se pronunció nuestro dirigente? Al respecto de dos medidas que claramente no están al alcance ni del G20 ni de ninguna nación del planeta (y menos cuando se trata de regímenes que se aprecien de ser democráticos): que haya control en los precios de los fármacos y equipo médico, así como del petróleo. Ello y poner un alto a la especulación financiera. Sin comentarios.

Bien haría el señor presidente por comenzar a “barrer” (ya que gusta tanto de esa figura del lenguaje) con algunos de sus servidores gubernamentales que practican el terrorismo fiscal, con muchos de sus colegas en Morena que hacen gala del uso discriminatorio del poder y exacerban el resentimiento social, y con uno que otro de sus asesores empresariales que no hacen otra cosa más que practicar la usura y el acaparamiento económico.

Ante este panorama, yo por mi parte, lo único que deseo es que la globalización y las instituciones y procesos neoliberales que siguen existiendo en México, pero sobre todo en otras latitudes, impidan al gobierno de la 4T tomar medidas que hagan que este periodo de confinamiento (y de descalabro económico) se haga aún más largo de lo que por sí ya será.