Para Echeverría no significaba nada mandar a exterminar gente: historiadora

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La historiadora Adela Cedillo no duda en reconocer que ella odia al expresidente Luis Echeverría, quien murió el pasado 9 de julio, a los 100 años y sin pagar por su responsabilidad en la represión a estudiantes el 2 de octubre de 1968, el Halconazo del 10 de junio de 1971 y la cantidad de muertes y desapariciones forzadas a causa de la represión contra grupos guerrilleros.

Cedillo, quien ha investigado y hurgado en los archivos de la Guerra Sucia abiertos durante el gobierno de Vicente Fox, dice que fue ahí donde comenzó a conocer quién fue Echeverría, su manía por el control, por espiar, por usar la información comprometedora para intimidar a otros políticos.

También supo sobre el papel de Echeverría en la cruel estrategia puesta en marcha por el Estado mexicano para acabar con la guerrilla, especialmente contra la encabezada por el maestro y líder social guerrerense Lucio Cabañas, cuya muerte a manos de militares fue celebrada por los mandos del Ejército.

Pero no sólo fue eso, sino que en esa estrategia también se arrasó con comunidades que de por sí vivían en la pobreza.

Aunque el Ejército fue su aliado en la represión contra los guerrilleros y sus familiares, supo que incluso los generales lo despreciaban por su deseo de controlar todo, por su adicción al trabajo y su carácter traicionero y megalomaníaco.

Cuando el expresidente fue acusado de genocidio, la justicia mexicana fue incapaz de castigarlo y aunque pasó unas semanas bajo arresto domiciliario, lo cierto es que no fue sentenciado.

Murió sin castigo, con una fortuna incalculable producto de su especulación inmobiliaria, ya que él fue el creador del desarrollo en Cancún, Quintana Roo y otras. Su modus operandi era decretar zonas turísticas y después comprar terrenos ahí.

EL INICIO DE SU INTERÉS
Mientras Adela Cedillo estudiaba historia, en la UNAM, un profesor le contó alguna vez que en los años 60 y 70 habían matado a guerrilleros y se le quedó grabado.

“Me llamó la atención que no se estudiaran esos temas y con la apertura de esos documentos durante el gobierno de Vicente Fox, comenzó a haber eventos al respecto”.

Se sumió en los documentos y se le abrió un mundo nuevo, conoció testimonios de víctimas, de personas que siendo niños fueron torturados frente a sus padres y sobre lo que no se había investigado.

También viajó a Ciudad Madero, Chihuahua, donde se dio el primer levantamiento guerrillero moderno. Ella tenía 24 años y ahí vio tumbas de guerrilleros que cuando murieron tenían 22 o 18 años.

“Me impresionó su juventud”, recuerda.

Incluso supo que los de 30 años ya eran considerados ancianos y a uno que tenía 35, le decían El Matusalén.

A partir de ahí inició la investigación sobre movimientos guerrilleros. También se abrieron los archivos de la Dirección Federal de Seguridad y de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y del Pasado (FEMOSPP), pero, aunque fueron liberados, había un control del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, y le sugirieron que no debía investigar.

EL CISEN LA INTIMIDÓ
Pero ella se dedicó a hacerlo durante unos cinco años. Calcula que, de 3 mil cajas de documentos, ella habrá revisado unas mil. Conoció a víctimas y a familiares de víctimas.

Una dificultad que enfrentó durante la investigación fue que le pedían que comprobara que era tercera interesada y entonces debía llevar una carta de familiares de que la autorizaban.

Otra dificultad fue el espionaje del CISEN, que resultó como de novela. Se aparecían en su casa diciendo que eran sus amigos de la infancia, aunque ella no los conocía. Otra estratagema usada es que se presentaban como pertenecientes a algún grupo guerrillero y le pedían su número telefónico. Además, su teléfono sonaba intervenido y todo eso fue desgastante para ella.

“Me maltrataron mucho”.

Recuerda que fue la primera persona en pedir versiones públicas del Archivo General de la Nación. Fue un proceso tortuoso porque al inicio el órgano garante de la información, el INAI, no quería autorizarlo y ella se fue a una segunda instancia y lo consiguió.

En el AGN la odiaban porque debido a eso, debían trabajar más.

Ahí conoció a un archivista de la DFS, Vicente Capello y Rosas, quien conoció a varios de los protagonistas de la Guerra Sucia.

“A Echeverría, a Gustavo Díaz Ordaz, a Fernando Gutiérrez Barrios, a Manlio Fabio Beltrones, a Mariano Moya Palencia, a todos, eran sus amigos”.

Aunque el archivista a veces la molestaba, en otras ocasiones, cuando había menos gente, se ponía nostálgico y le compartía anécdotas. Era un personaje y a veces lo visitaban ex agentes de la DFS o la Brigada Blanca, rememora.

EL BERRINCHE DE MOYA
Le contó la anécdota de que Moya Palencia, el secretario de Gobernación, estaba convencido de que se convertiría en el sucesor presidencial, pero de alguna manera el dedazo a capricho lo creó Echeverría, pues antes se decidía al destapado por su meritocracia.

“El que había hecho el mérito, al hacer la chamba de la Guerra Sucia a Echeverría fue Moya Palencia, en cambio él escogió a alguien que no tenía ninguno que era José López Portillo. Claro, el entonces presidente podía ser un matón, pero no tenía un pelo de tonto, tenía un conocimiento muy preciso del país y en ese momento se necesitaba de alguien que conociera de administración pública y economía porque dejó a México en crisis.

“Además los gringos estaban detrás de Moya Palencia porque tenía nexos con el narcotráfico, estaba quemado y no podía ser candidato. Capello me contó que el día que Echeverría destapó a López Portillo le dio diarrea, sacó al patio de la dependencia, en Bucareli, todas las cajas del archivo del sexenio de Echeverría donde estaba lo de la represión, la vigilancia, el espionaje, incursiones, desaparecidos, un archivo espectacular, el de Investigación Política y Social (IPS).

“Era una tarde lluviosa y una parte de los documentos se echaron a perder. Era material irrecuperable. Ese fue su berrinche, sabiendo que para Echeverría la información era estratégica y lo más valioso; le pegó donde más le dolía”, dice la investigadora.

Por esa razón dicho archivo está incompleto, caótico, y pareciera que lo hubieran desorganizado a propósito, agrega la investigadora de historia política y social contemporánea.

LA MENTE MAESTRA DE LAS MASACRES
Cedillo cuenta que, con la revisión de los documentos, los testimonios que tenía, lo del 68 y el Halconazo, se comenzó a formar esta imagen de un Echeverría maléfico.

Sin embargo, la responsabilidad individual que tuvo en esas dos últimas masacres era mayor a la que ya se conocía.

“Ahora sabemos más gracias a los archivos, pero en esa época no había esa conciencia de que era la mente maestra de toda esta represión. Pero me doy cuenta porque yo tenía con qué comparar los sexenios de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo, que Echeverría era de un perfeccionismo, de querer tener todo en orden, controlado, bien organizado.

“La información de todos los rincones el país, un afán de conocerlo y controlarlo todo, era muy metódico, tenía una idea de gobierno de que la información era poder, por eso le daba tanto énfasis a tener información de tantas fuentes, informantes, espías y orejas, todo controlado por la Secretaría de la Defensa”, explica.

Los archivos le permitieron ver que fue un arquitecto del espionaje, de la represión y la contrainsurgencia. La información la contrastó con entrevistas a militares, lo que le permitió observar que algunos lo despreciaban, lo calificaban de mente enferma y siniestra.

“De la gente que he entrevistado y conoció personalmente a Echeverría nadie se refería en términos halagadores, siempre era el tipo adicto al trabajo, super controlador, enfermo, traicionero, sin lealtad y megalomaníaco”.

Incluso hubo el caso de un militar al que trató muy mal, el capitán militar Lorenzo Cárdenas Barajas, que entrenó a guerrilleros, pero fue por órdenes superiores. Era un infiltrado y luego fue llamado traidor. Incluso lo iban a ejecutar. El capitán contaba que Echeverría era tan metódico que cargaba una libreta con la lista de quiénes debían ser desaparecidos.

Del 68 fue el arquitecto, en uno de esos operativos coordinados por el Ejército, la Secretaría de Gobernación y la regencia. Es un tema compartido, dice.

El 71 ya fue controlado por él, él es la mente maestra de ese operativo represivo y participaron también la policía y la regencia.

 

(djh)

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