Tel Aviv celebra marcha del Orgullo Gay

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(Excelsior).- Más de 250 mil personas desfilaron este viernes por las calles de Tel Aviv, muchas de ellas portando la bandera arcoiris o ataviadas con ella, en el vigésimo aniversario de la Marcha del Orgullo Gay de la ciudad, la más multitudinaria de todo Oriente Medio.

Soy una lesbiana en Israel y he venido a apoyar a quienes son como yo, creo que es muy importante venir y hacer acto de presencia, para que la gente sepa que existimos”, dijo a Efe la adolescente Alina Berezon, llegada desde la ciudad septentrional israelí de Haifa.

Una ocasión que cada año reivindica, en un ambiente festivo con música, lluvia de agua con pistolas acuáticas y mangueras y coloridas carrozas, los derechos de la minoría LGTB: Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales.

Los más madrugadores comenzaron a congregarse antes de las diez de la mañana en el paseo Ben Zión, punto de partida del desfile, donde pudieron disfrutar de actuaciones musicales y de actividades para niños organizadas por el Ayuntamiento.

Un fuerte dispositivo policial con cientos de agentes, muchos de ellos de paisano, supervisaron que nadie llevara armas, drones, ni botellas de vidrio.

El alcalde de la ciudad, Ron Juldaí, inauguró oficialmente las las festividades con una breve alocución.

Estoy orgulloso de estar frente a vosotros. Recuerdo cómo era hace 20 años, cuando comenzamos las marchas y ahora veo el ambiente de libertad que hay aquí”, dijo el alcalde de Tel Aviv a los congregados.

A escasos metros del paseo marítimo, último tramo del recorrido, un pequeño grupo de personas con camisetas rosas denunciaron, a ritmo de batucada brasileña, lo que consideran la estrategia de “lavado rosa” que supone para ellos la Marcha del Orgullo israelí.

En su opinión esta marcha se presenta como un símbolo de la tolerancia y diversidad de Israel pero trata de ocultar las injusticias de la ocupación de los territorios palestinos.

El chef estadunidense Anthony Bourdain fue encontrado muerto este viernes en su habitación de un hotel en Estrasburgo, Francia. Él fue no sólo un chef y escritor, fue alguién que cautivó a muchas personas alrededor del mundo con su gastronomía y viajes en todo el mundo.

Su legado y su profunda inspiración seguirá presente.

No solo fue un gran chef, sino un amante de la cultura, la gente y la cocina. Viajó a México, lo saboreó, se metió a sus rincones más coloridos y tradicionales, pero también cuestionó el escenario al que se enfrentan los mexicanos que viajan a Estados Unidos.

Algunos de sus cuestionamientos quedaron plasmados en un artículo, Under The Volcano, del cual reproducimos en español un fragmento:

DEBAJO DEL VOLCÁN, POR ANTHONY BOURDAIN

Los estadounidenses aman la comida mexicana. Comemos nachos, tacos, burritos, tortas, enchiladas, tamales y cualquier cosa que se parezca a lo mexicano en enormes cantidades. Amamos las bebidas mexicanas, felizmente tomamos grandes cantidades de tequila, mezcal y cerveza mexicana cada año. Amamos a la gente mexicana —y seguro empleamos a muchos de ellos—. A pesar de nuestras actitudes ridículamente hipócritas hacia la inmigración, solicitamos que mexicanos cocinen un gran porcentaje de la comida que comemos, cultiven los ingredientes que necesitamos para cocinar, limpien nuestras casas, corten nuestro pasto, laven nuestros platos, cuiden a nuestros hijos. Como cualquier chef te diría, toda nuestra economía de servicios –el servicio restaurantero como lo conocemos—en la mayoría de las ciudades estadounidenses, se colapsaría en una noche sin los trabajadores mexicanos. A algunos, por supuesto, les gusta decir que los mexicanos “se están robando los trabajos de los americanos”. Pero en dos décadas como chef y empleado, nunca he tenido UN SOLO niño estadounidense que entre por mi puerta y solicite un empleo como lavaplatos, como portero, o siquiera un trabajo como cocinero asistente. Los mexicanos hacen mucho el trabajo en este país que los estadounidenses, probablemente, simplemente no harían.

Amamos las drogas mexicanas. A lo mejor no tú personalmente, pero “nosotros”, como nación, ciertamente consumimos cantidades titánicas de ellas –y vamos muy lejos con costos muy altos para conseguirlas. Amamos la música mexicana, las playas mexicanas, la arquitectura mexicana, el diseño de interiores, el cine mexicano.

Entonces, ¿por qué no amamos México?

Levantamos nuestras manos y nos estremecemos frente a lo que está pasando del otro lado de la frontera. A lo mejor estamos avergonzados. México, después de todo, siempre ha estado ahí para nosotros, para atender nuestras necesidades y deseos más oscuros. Ya sea para vestirnos como tontos y emborracharnos y asolearnos en Cancún durante las vacaciones de primavera, lanzarles pesos a las strippers en Tijuana, o pasarnos con las drogas mexicanas, pero rara vez nos comportamos bien en México. Nos han visto a muchos en nuestro peor estado. Conocen nuestros deseos más oscuros.