Portugal concibe el Prado como «el proyecto de la reina portuguesa Isabel de Bragança»

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Portugal se ha hecho eco en bloque del 200 aniversario del Museo del Prado, pero en la misma línea que conmemoran los 500 años de la primera vuelta al mundo: con una reivindicación de «portugalidad» que, como mínimo, causa estupefacción. En este caso, los titulares en la prensa subrayan «dos siglos del proyecto de la reina portuguesa», sin tener en cuenta que los planes de construcción del impresionante museo ya existían con anterioridad.

No se destaca ni la magnánima exposición con dibujos de Goya recién inaugurada, ni apenas otros aspectos que no estén relacionados con el desmesurado etnocentrismo luso. Así, se realza que es la institución cultural más visitada de España (con 2,9 millones de personas en 2018) y que abrió sus puertas el 19 de noviembre de 1819, después de plasmarse el diseño de Juan de Villanueva por orden de Carlos III. A continuación, se destaca que fue posteriormente Fernando VII quien tomó la decisión de fundar «un real museo de pintura y escultura», pero se pone por delante que «el impulso vino de su mujer, la reina portuguesa Isabel de Bragança».

El más osado en estos términos es el diario «Público», que dice sin rubor: «Cuando el Museo del Prado cumple años, es también la fiesta de la reina portuguesa que lo creó. Isabel de Bragança tuvo una vida corta y, probablemente, muy infeliz en España, pero eso no le impidió crear aquella que iba a ser una de las mejores pinacotecas del mundo. Fue ella quien hizo de una colección real un museo para todos. Murió antes de que el edificio abriera sus puertas, hace precisamente 200 años».

Aunque los moldes históricos son completamente distintos, se siguen así los cánones de la glorificación exclusiva del papel de Magallanes en la histórica circunnavegación, en detrimento del coprotagonismo incuestionable de Elcano (como vuelve a ponerse de manifiesto en el congreso que transcurre esta semana en la Academia de Marinha, en el corazón de Lisboa). Ahora se repite la misma actitud, cuando resulta que el germen del Museo del Prado provenía de las previsiones en este sentido apuntadas tanto por Carlos III como por Carlos IV. Nadie puede poner en duda el papel de impulsora ejercido por Isabel de Bragança, pero de ahí a considerarlo «su proyecto» media obviamente un abismo, por no hablar de la grave inexactitud y manipulación de índole histórica.