Tatiana: “Cuando vi la droga, me arrepentí en el alma”

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El primer y único contacto que tuvieron fue por Facebook. Tatiana Guerra, una adolescente de 18 años, recibió una solicitud de amistad: el perfil no tenía foto, pero sí nombre de mujer. Aceptó. “Empezamos a hablar y hablar cada vez más, como amigas. En ese momento, yo me sentía sola, triste, como atrapada, y no pensaba las cosas. Hacía un mes había perdido mi trabajo como empleada doméstica y le conté mi situación, que necesitaba ayudar a mi familia”, recuerda Tatiana. Y agrega: “En casa no teníamos nada de plata: estábamos cero, cero. Ella me dijo que tenía un trabajito, sin decirme qué era. Lo pensé una semana, aunque no mucho se ve, y le dije que sí”.

Le ofreció 20.000 pesos: “Si yo llegaba a tener 300 en la mano, ya me parecía mucho. Con la plata que me iba a pagar, pensaba en construirme una piecita para mí”, dice la chica.

En casa no teníamos nada de plata: estábamos cero, cero. Ella me dijo que tenía un trabajito, sin decirme qué era

Tatiana

Tatiana tiene dos hermanitos, Jairo (4) y Fabrizio (5), que lleva el pelo largo sujeto en una colita: una promesa que la familia le hizo a la Virgen de los Milagros cuando nació con seis meses. Si vivía, no iban a cortarle el pelo hasta los seis años. “Soy como la mamá, porque su madre los abandonó”, cuenta Tatiana. Comparte con ellos y su papá una pieza de techo de chapa y paredes de ladrillos, sin luz, que levantaron en el mismo terreno donde también viven tíos y primos, en el barrio Libertad, en Salta capital. Con ellos comparten el baño. En el patio, hay gallinas y está Ale, el cabrito de la familia.

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El 28 de junio, Tatiana cumplió 18 años. Menos de un mes después, el 19 de julio, se tomó un colectivo a Salvador Mazza. La persona que la contactó por Facebook le dijo que, una vez ahí, cruzara la frontera hasta Bolivia en remise, que la iban a estar esperando. “No le conté a nadie. Cuando mi familia se enteró, les sorprendió: yo estudiaba, trabajaba y lo ayudaba a mi papá, que es vidriero”, detalla.

Del otro lado de la frontera la esperaba un auto con vidrios polarizados y cuatro hombres adentro. “Me llevaron a una casa que estaba toda vacía: sin cama, sin muebles, nada. Ahí me enteré de que tenía que trasladar droga hasta Salta. Me arrepentí en el alma, dije: cómo no lo pensé -recuerda-. Hasta el día de hoy pienso por qué lo hice, teniendo a mis dos hermanitos y a mi papá. Pero trato de no pensar mucho, porque me hace mal”.

Con cinta marrón a Tatiana la envolvieron en pasta base. Cuatro paquetes: uno grande en la panza, otro en la espalada, dos chiquitos en la cintura. En total, 2,215 kilos. Después le pusieron una faja. Arriba, su ropa. “Me llevaron de nuevo al mismo lugar donde nos habíamos encontrado. Me tomé un remise a Tartagal y de ahí a Salta capital”, describe. Pasó dos controles de Gendarmería, en Salvador Mazza y Aguaray. “Estaba muy nerviosa. Cuando nos acercábamos al tercer control, tuve como un presentimiento: sentí todo lo que me iba a pasar”, cuenta.

En Senda Hachada, a unos 300 kilómetros de la Capital salteña, la detuvieron. “Me puse pálida. Me hicieron bajar y una gendarme me levantó la remera”, rememora.

-Qué tenes acá.

-Nada.

-Como qué nada, ¿y esa faja?

-No sé.

Tatiana reconstruye el diálogo y dice que se quedó quieta, en shock: “Nunca había pasado por nada parecido ni estado en una cárcel. Pensaba en tantas cosas en ese momento”.

Julieta Loutaif, defensora oficial y supervisora de la unidad de defensa de Orán, tomó su caso. En la audiencia con el juez, Tatiana contó con detalles su situación. Le dieron cuatro años de prisión domiciliara. Antes de que la detuvieran, estaba cursando el primer año del secundario y tenía buenas notas.

“Tuve que interrumpir todo. Desde que me agarraron se me prohibieron tantas cosas, de verdad, que uno no se da cuenta”, dice. “Lo que yo quería era ir al Ejército, estudiar y volver con un título en el brazo. Pero no voy a poder. Ahora voy a tener que estudiar algo simple, donde no me pidan antecedentes, para poder mantenerme. Ya veré más adelante qué”.

Cómo colaborar

Quienes deseen colaborar de alguna manera con Tatiana, pueden escribir al mail de la defensoría: coordinacionsalta@mpd.gov.ar

Por: María Ayuso